6 Continentes en un paisViaje con Duende

Nada más llegar a Buenos Aires querido nos pudieron las ganas y nos lanzamos a realizar un tour por la ciudad, para descubrir toda la magia de la capital argentina. En nuestro recorrido, conocimos los ricos barrios de la Recoleta y Palermo, con la belleza de sus parques y edificios; el Teatro Colón, la Plaza de Mayo, la Catedral, la típica Avenida de Mayo y otros muchos edificios y palacios que tendrán su valor arquitectónico, pero sobre todo tienen duende, y tienen mucho alma, como todo el país. Todo eso es mucho más evidente enla calle Caminito en La Boca, un colorido barrio de inmigrantes italianos, y la zona de Puerto Madero, donde ya no es que tengan encanto, lo derrochan. Por la noche, fuimos a una cena en la tanguería “Sabor a Tango”, donde antes de la cena y espectáculo, disfrutamos de una clase de tango incluida. La verdad es que no íbamos muy convencidos, pero fue una muy grata sorpresa, y encantó la clase de nuestro profe Mauro.

Al día siguiente volamos a Iguazú, y madre de dios. Qué locura. Te imaginas unas cataratas grandes, pero nunca te imaginas lo que es en realidad. Impresiona mucho, el ruido, la humedad, la grandeza del lugar… Vimos las dos fronteras, y cada una tiene su gracia. Primero realizamos la visita del lado argentino del parque, recorriendo los senderos en mitad de la selva y maravillándonos ante la visión de las cataratas desde las pasarelas inferiores y superiores. Posteriormente fuimos a la famosa Garganta del Diablo, donde llegamos tras un corto recorrido en tren por la selva que también es muy recomendable. Después dimos un paseo en camión descubierto por la selva, a lo largo del sendero Yacartiá, y nos montamos en una lancha para navegar por el río Iguazú hasta llegar a los pies de las cataratas, con la consiguiente ducha completa. Este fue sin duda uno de los momentos más inolvidables de nuestra visita a Argentina. Desde el lado brasileño de las cataratas se aprecian desde una mayor distancia pero con mejor panorámica y unas vistas inigualables del conjunto del Parque Nacional, por lo que ambas merecen la pena.
Lo mejor del viaje, como muchas veces sucede es lo que menos esperas. Península Valdés nos esperaba con una tremenda variedad de animales marinos del mundo. Visitamos Puerto Pirámides, dónde se reúnen para reproducirse más de 1.500 leones marinos; Punta Norte y Caleta Valdés, dónde además de leones marinos y pingüinos vimos muy de cerca una colonia de elefantes marinos. Además disfrutamos con la espectacular excursión embarcada de avistamiento de la gran ballena franca austral. Simplemente mágico verlas nadar alrededor nuestro. Y por último la pingüinera de Punta Tombo y el Valle Inferior. Lo dicho, fue una sorpresa porque no lo conocíamos tanto, pero mereció la pena con creces.
Después lo que más ilusión nos hacía. Empezamos camino a Perito Moreno. Por la mañana fuimos de Calafate al Glaciar Perito Moreno. Durante el trayecto en barco, disfrutamos de la belleza de la pre-cordillera andina, bordeando el margen sur del lago Argentino. Tras cruzar los ríos Centinela y Mitre, llegamos al Brazo Rico para entrar en el Parque Nacional de Los Glaciares. Bordeando el Lago Rico comenzamos a ponernos nerviosos al ver los témpanos flotando sobre el agua hasta que por fin disfrutamos en toda su magnitud de esta maravilla natural que ha sido declarada por las Naciones Unidas como Patrimonio de la humanidad. Después, todavía sobrecogidos (y lo que nos duró) hicimos el recorrido por las pasarelas y acabó un gran día.
Por último volamos a Ushuaia, la ciudad más austral del planeta. Además de la bonita ciudad, visitamos el Parque Nacional de Tierra del Fuego, uno de los lugares de naturaleza más virgen que hayamos visto antes. También realizamos un recorrido en barco por el Canal de Beagle, el cual nos permitió, con algo de frío, fotografiar lobos marinos o cormoranes a nuestro paso por la isla de los pájaros, isla de los lobos y el faro del fin del mundo.
Un viaje con muchísima variedad. Y eso que nos dejamos atrás la zona desértica de Salta. Pero bueno, así tenemos un motivo parta volver. Porque, sin duda, Argentina tiene Duende.