El Salar de Uyuni, donde el cielo se refleja en la tierra

El Salar de Uyuni, donde el cielo se refleja en la tierra

Hay paisajes que parecen pertenecer a otro planeta. Lugares donde las referencias desaparecen, el horizonte se diluye y resulta difícil distinguir dónde termina la tierra y empieza el cielo. Y Bolivia guarda uno de ellos en el corazón de su altiplano. Un territorio blanco y gigantesco que se extiende hasta donde alcanza la vista y que, durante determinadas épocas del año, parece convertirse en una superficie infinita de cristal. Hablamos del Salar de Uyuni, el mayor desierto de sal del mundo.

Aunque su apariencia resulte casi irreal, su origen es completamente terrestre. Hace miles de años, un enorme lago prehistórico cubría esta región del altiplano boliviano. Cuando sus aguas desaparecieron, dejaron tras de sí una inmensa costra de sal que hoy ocupa más de 10.500 kilómetros cuadrados. Sobre ella aparecen formaciones geológicas, pequeñas islas cubiertas de cactus y un paisaje que cambia radicalmente según la época del año. Por cosas así, viajar hasta aquí es, en cierto modo, entrar en un territorio que parece suspendido entre la memoria de un antiguo lago y el cielo.

El desierto de sal más grande del mundo

En la estación seca, aproximadamente entre mayo y noviembre, el Salar de Uyuni muestra su versión más reconocible. La lluvia desaparece, el suelo queda completamente seco y una enorme superficie blanca se extiende en todas direcciones. Por mucho que te lo imagines, es difícil hacerse una idea de sus dimensiones hasta estar allí… ¡Más de 10.500 kilómetros cuadrados de sal! Una particularidad que convierte el horizonte en una línea casi abstracta.

El Salar de Uyuni durante la estación seca
El Salar de Uyuni durante la estación seca

Al caminar sobre el salar aparecen las características formaciones hexagonales que dibuja la cristalización de la sal. Se repiten una junto a otra como un gigantesco mosaico natural y crean una textura que parece diseñada artificialmente. Sin embargo, no hay dos rincones exactamente iguales. La luz, las nubes y la hora del día modifican constantemente la percepción del paisaje.

Asimismo, esta época del año es una de las más interesantes para recorrer el salar en profundidad. Con el terreno seco y las condiciones adecuadas, los vehículos pueden adentrarse en grandes extensiones de esta inmensidad blanca y alcanzar zonas alejadas de los principales puntos de acceso. Y entonces llega una sensación curiosa, pues cuanto más avanzas, menos referencias existen. No hay árboles que indiquen la distancia, apenas cambios de relieve y, en determinados puntos, ni siquiera una carretera convencional. El vehículo parece avanzar por una superficie infinita mientras las montañas permanecen lejanas en el horizonte.

En medio de ese paisaje aparecen las islas de cactus, como la famosa Isla Incahuasi. Elevándose sobre la planicie de sal, estos territorios rocosos están cubiertos por enormes cactus que pueden alcanzar varios metros de altura y que recuerdan que este desierto no está tan vacío como parece. Ese contraste resulta espectacular; una isla verde y rocosa emergiendo de un océano completamente blanco.

Vista del Salar de Uyuni desde la Isla Incahuasi
Vista del Salar de Uyuni desde la Isla Incahuasi

El gran espejo de Bolivia

Ahora bien, existe otra manera completamente diferente de descubrir Uyuni. Cuando llegan las lluvias, aproximadamente entre enero y marzo, una fina capa de agua puede cubrir la superficie del salar y transformar por completo el paisaje. Entonces, la enorme extensión blanca desaparece bajo un espejo natural que refleja el cielo con una precisión casi perfecta. ¡Es ahí cuando Uyuni adquiere una de sus imágenes más conocidas! El horizonte parece desaparecer. Tierra y cielo se funden en una misma superficie azul, blanca y gris, dependiendo de las nubes y de la luz. Al caminar sobre esa fina capa de agua, la sensación es extraña, pues te parecerá que estás flotando, caminando sobre las nubes o avanzando literalmente entre el cielo y la tierra.

Efecto espejo en el Salar de Uyuni, durante la temporada de lluvias
Efecto espejo en el Salar de Uyuni, durante la temporada de lluvias

No es solo un paisaje bonito. Es una experiencia que cambia nuestra percepción del espacio. Además, los límites dejan de estar claros y las distancias se vuelven difíciles de calcular. Una persona situada a unos metros puede parecer suspendida sobre una superficie infinita, mientras las montañas del horizonte se reflejan en el agua. Es más, esta época de lluvias tiene una personalidad propia. Eso provoca también que las condiciones pueden variar y que el acceso a determinadas zonas dependa del estado del salar, por lo que el viaje requiere una planificación flexible. No obstante, cuando las circunstancias acompañan, el resultado puede ser extraordinario.

En Planes con Duende nos gustan precisamente esos lugares en los que la naturaleza decide cómo se presenta. En este caso, Uyuni no ofrece siempre la misma postal; puede ser un desierto blanco, un espejo gigantesco o una mezcla de ambos, dependiendo del momento. Y quizá ahí esté parte de su encanto.

Mucho más que el salar

Sería fácil pensar en Uyuni como un destino de una sola imagen. Sin embargo, una de las grandes virtudes de viajar hasta aquí es descubrir que el salar es solo el comienzo. La ruta puede continuar, por ejemplo, hacia la ya mencionada Isla Incahuasi, con sus cactus gigantes y sus formaciones rocosas. O bien puedes acercarte al volcán Tunupa, cuya presencia domina parte del paisaje del norte del salar. Además, sus laderas permiten contemplar desde las alturas la inmensidad blanca que se extiende a sus pies.

Vista del Salar de Uyuni con el volcán Tunupa de fondo
Vista del Salar de Uyuni con el volcán Tunupa de fondo

También merece la pena conocer Colchani, una pequeña localidad situada en las proximidades del salar, donde la actividad tradicional relacionada con la extracción y transformación de la sal forma parte de la vida local. Es uno de esos lugares que permiten comprender que este paisaje extraordinario no es únicamente un escenario natural, sino también un territorio habitado y aprovechado por las comunidades de la zona.

Colchani, una localidad cercana al Salar de Uyuni
Colchani, una localidad cercana al Salar de Uyuni

Y, después, comienza otro viaje. Porque desde Uyuni puedes continuar hacia el sur, por los paisajes del altiplano, hasta alcanzar la Reserva Nacional de Fauna Andina Eduardo Avaroa, una de las zonas protegidas más espectaculares de Bolivia. El paisaje cambia de nuevo y aparecen desiertos de altura, volcanes, formaciones rocosas y lagunas de colores intensos. Entre sus atractivos destaca la Laguna Colorada, con sus tonalidades rojizas, uno de los grandes protagonistas de esta ruta. Sus aguas poco profundas sirven además de hábitat para diferentes especies de flamencos, que aportan movimiento y color a un paisaje aparentemente inhóspito.

Flamencos en la Reserva Nacional de Fauna Andina Eduardo Avaroa
Flamencos en la Reserva Nacional de Fauna Andina Eduardo Avaroa

Más adelante aparecen géiseres, fumarolas y paisajes volcánicos como los de Sol de Mañana, donde la actividad geotérmica recuerda que bajo esta superficie aparentemente tranquila todavía existe un territorio en transformación. También están las lagunas Verde y Blanca, al pie del volcán Licancabur, y enormes extensiones de desierto donde las formaciones rocosas parecen esculpidas por el viento. Con entornos así, descubrirás que el Salar de Uyuni no es un destino aislado, sino que forma parte de una ruta por algunos de los paisajes más extremos y fascinantes del altiplano boliviano.

Un viaje para perder el horizonte

Hay destinos que se recuerdan por sus monumentos, otros por sus ciudades y otros por las personas que conocemos durante el camino. Sin embargo, el Salar de Uyuni pertenece a una categoría diferente, pues se recuerda por una sensación. La de caminar sobre una superficie blanca que parece no terminar nunca. La de descubrir una isla de cactus en medio de un desierto de sal. Y la de ver cómo el cielo se refleja bajo nuestros pies y comprender, durante unos instantes, por qué este lugar parece sacado de otro planeta. Pero quizá lo más especial sea que el viaje no termina en el salar. Continúa entre volcanes, lagunas, flamencos, géiseres y desiertos de altura, atravesando un altiplano donde cada paisaje parece superar al anterior.

En Planes con Duende buscamos justo esos viajes que permiten sentir un territorio, no simplemente visitarlo. Y pocos lugares ofrecen una experiencia tan poderosa como este rincón de Bolivia. Porque en el Salar de Uyuni el horizonte puede desaparecer, pero el viaje empieza precisamente cuando dejamos de buscarlo.